Hace unos años una paciente me hizo un regalo muy especial.
Con sus manos, ya temblorosas, había decorado un juego de tazas de café. Cada tacita y su correspondiente platito, estaba pintada con flores de distintos colores, verde, violeta, naranja, negro.
Me encantó y desde entonces, tomo mi café del domingo por la tarde en una de estas tacitas, en compañía de mi madre.
Por desgracia, esta paciente se fue ayer para siempre, acompañada y muy bien cuidada por su familia.
Después de veinticinco años de ejercicio profesional supongo que es normal que algunos pacientes mueran, aunque sólo sea por su edad biológica, pero creo que me costará siempre acostumbrarme.
En un día como hoy recuerdo a Palmira, a Don Pascual, a Don Francisco, a mi querida Aurora, a José Antonio y desde hoy a Graciana.
Todos conforman historias en mi recuerdo y a todos tengo motivos de agradecimiento.
Descanse en paz, Graciana.
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Yo también los recuerdo... he tenido la suerte de conocerlos, no a Graciana pero seguro que le habría cogido el mismo cariño, los recuerdo siempre.
Me ha encantado el homenaje que le has hecho, ell@s como yo, también hemos tenido la gran suerte de conocerte.Un beso y un abrazo a la familia de Graciana.
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GRACIAS Dra. Remedios Mas... Soy el hijo de Graciana... Ha sido reconfortante su gesto de cariño. No dudo que ante la disyuntiva profesional y humana, en múltiples ocasiones el corazón ha de sentirse apabullado por las muestras de confianza primero y cariño después, que los pacientes dejarán en el camino de la medicina. Pero, también es cierto, que, lo uno y lo otro, solo se consigue desde la calidad humana que alumbra al profesional, que evidentemente es su caso... Mi madre tuvo fe ciega en la persona y en la profesional. Y sus "recetas" (consejos) eran el norte a seguir y la luz que alumbraba su deambular tembloroso hacia una meta que se acercaba a paso vertiginoso... Nunca perdió la fe en usted y, siempre, escuchó , siguió y agradeció desde el corazón sus consejos... GRACIAS nuevamente Dra. Mas